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Golpe de calor en gatos: cómo reconocerlo y actuar a tiempo

Los primeros síntomas pueden ser bastante sutiles. El gato puede mostrarse más apagado, buscar continuamente lugares frescos o no querer moverse.

A medida que aumenta su temperatura pueden aparecer señales más preocupantes.

Señales de alerta
Presta especial atención si tu gato presenta alguno de estos síntomas:

Un gato no debería jadear habitualmente como lo hace un perro. Si respira con la boca abierta, especialmente después de haber estado expuesto al calor, debe considerarse una señal de alarma y necesita valoración veterinaria inmediata. También es importante prestar atención si está situación se produce tras un momento de actividad intensa como puede ser el momento de juego ya que puede indicar además otras patologías. 

Lo principal tras reconocer que algo no es normal, es tomar la temperatura corporal del gato. 

La temperatura podemos tomarla con un termómetro normal de farmacia o supermercado.

Se puede tomar en la zona rectal lubricando ligeramente la punta del mismo con un poco de vaselina, crema, aceite o jabón para evitar lastimar el esfínter del gato. Para esto es importante solo introducir la parte metálica ( 0,5cm) y pegarla levemente a la pared del recto. 

Otra manera es introducir directamente el termómetro en el oído del gato haciendo que esté toque la mayor superficie de piel posible. Al valor que nos salga, en este método deberemos sumarle un grado al final de la toma. Ej: medicina del termómetro 37ºC+ 1 = 38⁰C.

Consideramos que un gato tiene fiebre o hipertermia si su temperatura supera los 39,2⁰C.

Un golpe de calor es una urgencia veterinaria. No conviene esperar para comprobar si el gato mejora por sí solo.

Mientras contactas con un veterinario o preparas su traslado, puedes comenzar a reducir su temperatura de forma gradual.

1. Llévalo a un lugar fresco
Traslada al gato a una habitación ventilada, a la sombra y alejada del sol. Enciende el aire acondicionado o utiliza un ventilador para favorecer la circulación del aire.

Intenta mantener un ambiente tranquilo. El estrés y la agitación pueden hacer que su temperatura siga aumentando.

2. Humedece su cuerpo con agua fresca
Moja suavemente el pelo con agua fresca, pero no helada, prestando atención a zonas como las patas, el abdomen y el cuello.

También puedes colocar al gato cerca de un ventilador mientras humedeces su cuerpo, siempre que no le genere más ansiedad.

No utilices hielo, agua extremadamente fría ni lo sumerjas de golpe en una bañera fría. Enfriarlo demasiado rápido puede provocar la contracción de los vasos sanguíneos y dificultar la pérdida de calor.

3. Ofrécele agua, pero no lo fuerces
Deja agua fresca a su alcance si está consciente y puede beber por sí mismo.

No le obligues a beber ni introduzcas agua directamente en su boca. Un gato débil, desorientado o con dificultades respiratorias podría aspirarla. 

4. Contacta inmediatamente con un veterinario
Aunque parezca recuperarse después de enfriarlo, necesita una valoración profesional.

El golpe de calor puede afectar a la circulación y provocar daños internos que no siempre son visibles de inmediato. En los casos más graves puede causar alteraciones neurológicas y lesiones en órganos como los riñones, el corazón o el cerebro.

Las medidas realizadas en casa son únicamente primeros auxilios: no sustituyen el tratamiento veterinario.

  • No utilices agua helada ni cubitos de hielo directamente sobre el cuerpo.
  • No envuelvas completamente al gato en toallas húmedas durante mucho tiempo, ya que cuando se calientan pueden dificultar la eliminación del calor.
  • No lo obligues a beber.
  • No le administres medicamentos para humanos.
  • No esperes varias horas para comprobar si mejora.
  • No continúes jugando con él ni lo hagas caminar.
  • No lo dejes solo mientras presenta síntomas.
  • Gatitos.
  • Gatos de edad avanzada.
  • Gatos con sobrepeso u obesidad.
  • Gatos con enfermedades respiratorias o cardiacas.
  • Gatos con problemas de movilidad.
  • Razas de cara achatada, como el persa o el exótico de pelo corto.
  • Gatos encerrados en transportines o espacios mal ventilados.
  • Una terraza acristalada.
  • Un trastero.
  • Un coche.
  • Una habitación sin ventilación.
  • Un transportín expuesto al sol.
  • Está menos activo.
  • Duerme estirado en lugar de hacerse una bola.
  • Busca el suelo del baño.
  • Evita las habitaciones soleadas.
  • Bebe algo más de agua.

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